• Los libros y la música acompañaron al exalcalde Pedro Aparicio toda su vida.
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Pedro

[Presentación de Salvador Moreno Peralta del libro póstumo "Mi última instancia" de Pedro Aparicio]



Cuando le postergaron en unas elecciones a ese Parlamento Europeo que él dignificó durante diez años con su presencia, un grupo de amigos, varios de los cuales estamos aquí hoy, convencimos a Pedro Aparicio para que escribiera en el SUR un artículo semanal, habida cuenta de que se trataba de una de las personas con las más intensas vivencias de Málaga, en el ámbito intelectual, cultural y político. Por esos días, nuestra amiga Suny García Agulló me había hecho llegar, sin que él lo supiera, un opúsculo titulado "Inaplazable Europa" que había escrito poco antes de su retirada, en el que hace el análisis más lúcido, entusiasta, realista y premonitorio que pudiera concebirse de la actual Europa y las azarosas vicisitudes por las que habría de pasar el arraigo de la Unión, a casi medio siglo del Tratado de Roma y casi diez años del espíritu exaltado y unionista de Maastricht, dando con ello una idea de la enorme talla política que ya demostrara en sus 16 años como alcalde de esta ciudad.
La presentación de ‘La última instancia’, su obra póstuma, se transformó en un sentido homenaje a quien todos recuerdan como «gran alcalde, gran persona y, también, gran articulista». Se habló de su prosa –«Nostálgica, brillante, ensoñadora y didáctica», dijo Vergara– y de sus logros políticos,pero también de esos encuentros con sus amigos Salvador Moreno Peralta y Manuel Alcántara, de los «sagrados» Dry Martini que compartía con el poeta y articulista de SUR, de la especial relación que mantenía con su padre, de su carácter de «viajero solitario» en palabras de Moreno Peralta y de su forma de ser «cortés y minuciosa», dijo Alcántara. «Nos dejó la Málaga que le gustaba mucho y la que no le gustaba nada. Amaba las librerías y los verdiales, la plaza de la Merced y la del General Torrijos, la libertad y el invierno. No sé cómo explicar cómo era una persona tan fácilmente explicable y tan difícil», reconoció Alcántara, que quiso recordar a su amigo «para que vuelva a estar en este Salón de los Espejos».
Pero lo que no imaginábamos era que Pedro, el imponente, el reservado y en gran medida el enigmático Pedro, iba a desgranarnos semanalmente pequeñas gotas de una biografía discreta, subrepticia y pudorosa pero a la vez brillante como una perla presa en su caparazón. Habíamos admirado durante mucho tiempo al personaje y ahora, descendido de un pedestal al que le aupaba su ineludible empaque, nos regaló fragmentos de una persona tan cautivadora como, para muchos, desconocida. Quizás Pedro intuyera que, en un país acostumbrado a saquear intimidades, mejor que fuera él quien escribiera su biografía antes de que se la escribieran otros... sabe Dios cómo. Y lo hizo mediante esas entregas semanales en las que demostró ser, además de un gran político y cirujano, un magnífico periodista de profesión que olfateaba al lector sabiendo cómo satisfacer su avidez desde la primera frase, atrapándole con la anécdota, si es que se pueden llamar anécdotas a las crónicas de unos viajes, unos encuentros, unas aficiones, unas sentencias- siempre agitadas con ese leve aire de melancolía que acierta a ver Manuel Alcántara- y, en general, esos criterios suyos tan personales que dejaban de ser discutibles cuando, como nos sucede con los grandes escritores, caemos en las redes de su sentido común llevado en volandas por una espléndida literatura. Siempre, cuando devorabas la columna de Pedro, como la de otros periodistas que están en la mente de todos, acababas pensando en voz alta: "¡Caramba, esto es lo que hubiera querido decir yo!" Y así fue tejiendo Pedro una red con sus lectores que ahora esta magnífica iniciativa de Esirtu y Mariano Vergara conseguirá perpetuar...y de qué manera porque, créanme, como se decía de la voz de Gardel, Pedro cada día escribe mejor.
Pedro amaba a los suyos con un fervor desbordado, hondo -yo diría que con una cierta retórica "operística"- con la misma intensidad con que detestaba a los que hacían sobrados méritos para merecerlo, y no solía equivocarse. Pero ese amor suyo no era incompatible con la búsqueda de la soledad. Pedro era un viajero y un solitario. "Somos muchos los que buscamos la soledad en los viajes", escribe en su artículo "La rotación de las masas", porque, desde siempre, el viaje y la soledad son dos formas complementarias e introspectivas de trascendencia para encontrarse con ese ser extraño que es uno mismo, algo que sólo los sabios, los poetas y, con seguridad, los místicos, son capaces de lograr...y de soportar.
Y termino: hay un artículo sobrecogedor y premonitorio que se llama "Mi última instancia". Allí escribe: "suplico en fin mi tiempo, mis latidos, mi aire, mi voluntad de gozo, lo que ha hecho de mi vida-"no importa sus quebrantos"- un recuerdo de luz". Y es que cuando llegara su última instancia Pedro no quería que el misterio detrás del espejo le deparara nuevas aventuras; reivindicaba lo que había sido su vida, una vida que, aún "con sus quebrantos", es el patrimonio del ser humano, en sus alegrías y tristezas, en su aciertos y en sus errores, pero hay en este conmovedor pasaje una determinación de extraerle a esa vida todo lo que de maravilloso le haya podido dar, desde la grandeza de una ópera en el teatro de La Monnaie de Bruselas, hasta el calor balsámico de los suyos y las sutilezas de una espera bajo la lluvia en una modesta estación ferroviaria de Asturias .
Ese era nuestro Pedro, y ahora podremos imaginar que lo sigue siendo, y para siempre, gracias a esta magnífica edición de su extraordinaria vida por entregas. Gracias de todo corazón, Mariano, a ti y a todos los que lo habéis hecho posible.
Escuchaban sus palabras compañeros de profesión de hoy, como el delegado de Gobierno de la Junta, José Luis Ruiz Espejo;el presidente de la Diputación, Elías Bendodo, y el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, que le definió «como gran médico, gran persona, gran alcalde y gran escritor que sabía dominar las palabras». Pero también aquellos que le acompañaron en su etapa en el Consistorio, desde el entonces secretario del Ayuntamiento Federico Romero a su secretaria personal Asunción García-Agullón. Y, además, escritores, gestores culturales y numerosos representantes de la vida cultural de la ciudad que él impulsó. Por eso abrió y cerró el acto la música interpretada al chelo por Carlos Cardinal, amigo y exmiembro de la Filarmónica de Málaga. Como dijo Alcántara, Aparicio «era un músico que cambió la batuta por el bastón de alcalde».
SALVADOR MORENO PERALTA

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